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Cuarta prueba de la Copa de España de Mototurismo, que no por ser en el Levante y relativamente cerca de nuestra casa, iba a ser menos divertida, dura y complicada.

La distancia lo es todo y es por eso que llegamos a nuestro alojamiento en Valencia a eso de las 18.30 h. del viernes, coincidiendo justo con nuestro amigo y compañero Mickey en el aparcamiento reservado en el edificio de los apartamentos donde pernoctaríamos. El resto de los nuestros sin problemas de tiempo y horarios, llevaban ya dos días haciendo turismo por la zona. ¡ Que sana o no tanta envidia nos dan !.
Tras acomodarnos, ducharnos y cambiarnos de ropa, los tres últimos de filipinas, salimos a dar una vuelta por el casco antiguo de la capital valenciana, por supuesto con avituallamiento incluído, haciendo algo de tiempo para que el resto de ruta marítima por la Albufera, pudieran llegar. Una vez todos reunidos, cenamos en camaradería en uno de los apartamentos, cumpliendo todas las normas Covid habidas y por haber, y tras unos desinfectantes chupitos, nos fuimos a dormir para estar bien descansados hacia lo que ya suponíamos no sería una prueba de coser y cantar.

A primera hora de la mañana del sábado, llegamos al punto de salida en Valencia. Allí tras almorzar y firmar la asistencia a la prueba, nos dieron siete nombres de municipios ligados a siete fotos de monumentos destacados de cada uno. Se trataba de ubicarlos en el mapa y enlazarlos por el camino más corto. Algo que la organización podía contemplar, ya que íbamos monitorizados con una baliza de seguimiento. ¡ Ah ! y por si no fuera poca cosa, disponíamos de 9 horas para completar el recorrido. Ni que decir que empleamos todo ese tiempo para localizar, fotografiar, enviar las fotos por WhatsApp y por supuesto encontrar ese momento de relajación y reposición de fuerzas, para poder seguir hasta el final.

El último punto de la prueba fue en L´Alcudia donde habiendo enviado las siete fotos correctamente por WhatsApp, comprobada su autenticidad y calculada nuestra ruta, recibimos un detalle y un refrigerio de bienvenida junto a unos cuantos buenos momentos en compañía de los que allí estaban y que como nosotros, habían finalizado la prueba.

El resto de la tarde tras, llegar a nuestro alojamiento en Valencia y una buena ducha, la pasamos en el casco histórico de la capital junto a nuestros amigos de Moto Club, con los que también compartimos cena y un rato de diversión nocturna hasta el toque de queda.

Todo el buen tiempo que nos hizo viernes y sábado, cambió el domingo. Nublado y amenazando lluvia, no nos hizo desistir en nuestra idea de ir a desayunar a los bares aledaños a la Plaza del Mercado. Una muy buena elección ya que aquel zumo de naranja recién exprimido, el bocata de calamares, la cerveza y el cortado, nos hizo afrontar un viaje de vuelta que se nos dio muchísimo mejor de lo que esperábamos en un principio debido a la amenazante lluvia..

   

El Viajero.

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